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28 jun. 2012

RELATO DE JUEVES



EN LOS ZAPATOS DEL OTRO






Por aquello de que siempre es mejor lo que no se tiene, envidiaban el zapato ajeno. Todos pensaban lo mismo sin llegar a decirlo: “el suyo es mejor”, “mira, es de marca”, “aquel es más ancho y tiene tacón”, “yo quiero las sandalias para que no me hagan rozaduras”.
Y un día de tantos, por aquello de probar, decidieron cambiarse los zapatos durante una semana.
Los pusieron todos en un montón y con los ojos vendados, cada uno de ellos eligió un par.
Y surgió el primer problema…Unos tuvieron suerte y encontraron la pareja de inmediato, mientras otros rebuscaron y creyeron haberla encontrado. Los menos afortunados tuvieron que quedarse con lo que nadie había querido.
Y le sucedió el segundo…pies anchos que no cabían en los zapatos, zapatos anchos para pies escuálidos, hombres con zapatos de tacón en los que sólo les cabía el dedo gordo, zapatos de finísima piel que no se acoplaban al pie que los calzaba, un zapato de tacón para el derecho y una sandalia para el izquierdo, zapatos iguales para pies distintos, y unos pocos, con la suela tan fina, que con tan sólo tres pasos el asfalto les quemaba hasta los mismísimos tobillos.
Y llegó el tercero…pies hinchados, torceduras de tobillos, dolores de espada, rodillas desolladas de tanto tropezón, y en el alma de todos, una terrible insatisfacción.
Y la única ventaja del añorado cambio…Dejó de importarles la piedra que se lleva en el zapato. Es tu piedra, tu zapato y tu  camino…producto y consecuencia, la causa, no tiene demasiada relevancia. 

24 jun. 2012

Léalo...para usted lo dejé en la Ventana.


Después de haberos leído, he tomado algunas decisiones.
Desde la certeza de que la palabra escrita perdura, y que su interpretación es muy distinta, en función de quién y cómo  las lea, os dejo un poema ajeno.
Se escribió par mí, en un intento de paliar soledades insidiosas y añoranzas. Con el beneplácito del poeta, hoy las hago mías y aquí las dejo, con el deseo de que sean para alguno, el “bálsamo” que un día me reconfortó.

Clara luz de la memoria

Nunca te digo que vengas
porque nunca te fuiste.
En tu habitación se renueva la rosa,
y al abrigo de la tarde
cuando encuentro limpia tu voz,
espigas de luz
dibujan su ausencia.

Francisco Cejudo
                            “El Navegar de los sueños”



Y al margen ya de poemas, poetas, y sentimientos punzantes…
Me ha gustado poneros rostro y nombres a muchos de vosotros, considero por tanto que justo es que hagáis lo mismo conmigo. A tyrma no os la presento…me deja siempre en ridículo la muy puñetera. Quedaos, con la imagen de Chelo.









Y para concluir una simple pregunta, ¿a quién demonios le pesco el letrerito de “Juevero”?...Tranquilos compis, que ya nos encargaremos nosotras de sisar uno para La Ventana.

Un fuerte abrazo, Jueveros.



21 jun. 2012

Relato de Jueves: Mis dos jueves.

Puede que mi aportación sea mínima esta semana, pero intentaré trasmitiros lo que desde el desconocimiento de cómo sois a nivel personal, he podido captar por vuestras palabras, en las escasas dos semanas que llevo entre vosotros.

Me colé a hurtadillas entre los jueveros, no recuerdo ni como sucedió, pero seguí entrando de tanto en tanto, llevada supongo que por la curiosidad, por la forma de escribir que en algunos de vosotros advertí y por su puesto, la oculta necesidad de conocer a gente con mis mismas inquietudes.

Inicialmente pensé que eráis un grupo pequeño, que os reuníais los jueves delante de un café y compartíais luego vuestros escritos. Y una pizca de sana envidia os confieso que sentí. Recuerdo que pensé, “si viviera en una capital, tendría al alcance de la mano muchísimas cosas”, pero bueno, una es de pueblo y encantada de la vida, aunque a veces se echen de menos algunas cosillas.

Y en ninguna de mis incursiones quise caer en el intrusismo, y romper el encanto de vuestros jueves. Hasta que uno de esos días cursis en los que todo cabe, me colé por la Ventana. Me sorprendió gratamente su pronta respuesta con un sí que no esperaba, y gracias a la cálida brisa de Venus, me vi en la lista de su relato encadenado.

Pero la cosa se enredó antes del jueves de Encarni, y yo sin comprender nada, bueno, algo si que comprendí…Y en esto creo que puedo ser imparcial, ya que no tengo el gusto de conocer a Gustavo, a vosotros al menos os he leído, y una se hace un idea, puede que inexacta, pero idea a fin de cuentas, que en muchas ocasiones no dista tanto de la realidad.  Entendí que Gustavo, a pesar de su aparente “rareza”, que desde luego no juzgo, y firmemente creo que sus buenas razones tendrá el hombre, es una pieza importante para todos vosotros…el afecto de un colectivo no cae del cielo, y tengo la impresión de que  a pulso se lo habrá ganado el buen hombre, ya que ni una sola crítica he leído sobre él.

Y en pocos días supe que entre los jueveros, encontraría dos cosas básicas para mí: respeto y una buena dosis de camaradería. Hace unas pocas horas he podido comprobar, que la amistad es otra cosa que valoráis y fomentáis…una razón de peso para seguir aquí.

Y al otro lado del papel, intento  participar en esta propuesta de jueves, a salto de mata, y con una calidad literaria muy  cuestionable. Mi única intención es que mis palabras os dejen bien claro, lo que al recién llegado proyectáis.

Muchísimas gracias a todos, por abrirme las puertas de vuestros rincones virtuales, y la calidez que estos pocos días me habéis obsequiado.

¡Sois grandes, jueveros!

7 jun. 2012

RELATO DE JUEVES




El silencio de la noche es absoluto, sólo el suave sonido de unas sandalias lo interrumpen y un chasquido que de inmediato reconoce. El joven monje ha encendido la luz de la escalera y se acerca. Se descalza, sube dos escalones precipitadamente, y se refugia en el rellano. Un sudor frío y espeso recorre su frente, el mundo se desdibuja ante sus ojos y busca apoyo en la encalada pared.
El cuerpo de una mujer joven yace frente al monje en el rellano de la escalera.  La extraña visión le deja perplejo, pero no hay tiempo para preguntarse cómo ha entrado y para qué. Aún respira-piensa aliviado-, de repente algo le asusta…una pequeña mancha de sangre junto al cuerpo. Sandalias precipitadas se acercan, y el más anciano decide por todos ellos. Prepare una celda Fray Andrés-dice con voz grave pero serena-
Lo primero que ve al abrir los ojos es la sombría figura de un anciano, perpleja mira al hombre, sabe que ya no podrá coger lo que ha venido a buscar. No te asuste hija, -dice el anciano- sólo es un pequeño corte en la cabeza. Su semblante cambia de inmediato, ahora sí-piensa, al darse cuenta de lo ventajoso de la situación-, ahora podré conseguir los jeroglíficos…¿Quién sospecharía de una pobre mujer con la cabeza vendada?




    En casa sw Gastón       Gastón D.Avale

4 jun. 2012

Carta de un neonato


¡Hola mami!
Tenía muchas ganas de verte, bueno, no te veo pero sé que eres tú, porque eres dulce, me das besitos, me hablas con voz suave, y sobre todo porque en tus brazos me siento seguro. A veces tengo mucho miedo, oigo voces extrañas, hay bultos que se acercan a mí, y brazos que me cogen, y olores desconocidos, pero siempre vienes a rescatarme por eso sé que eres mi mami.
El otro día había algo muy grande pero estaba contigo y no me dio miedo, ¿es mi papi? Tiene unas manos grandotas que al principio me asustaron un poquito, peno me sujeta con cuidado, acerca su cara a la mía, me dice cosas que no entiendo, pero suenan bien y me gusta que me las diga.
Yo tenía muchas ganas de conoceros, pero también estaba un poco asustado ya que no sabía como seriáis…me parecéis “chupis”, por eso duermo todo el día, porque estoy en casa, con vosotros, y soy feliz.
Antes no me asustaba la oscuridad, estaba solo pero recogidito, luego mi cunita de agua se hizo pequeña y ya no sabía ni como ponerme. Pero de repente mi cunita se secó, por más que buscaba agüita no la encontraba, me picaba la piel y todo empezó a ser muy raro. Oía voces, ruidos extraños, una luz muy grande me deslumbró, y gente que iba y venía; una señora me pegó y me hizo llorar, y entonces me dije: “si ésta es tu mami, lo llevas claro, chaval”.
Luego nos quedamos solos y la luz empezó a gustarme, la señora pegona de blanco ya no volvió; no se oían voces estridentes, sólo vuestras risas, y eso me gustó mucho, y me dije: “ya puedes dormirte tranquilo, chaval”.