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4 jun. 2012

Carta de un neonato


¡Hola mami!
Tenía muchas ganas de verte, bueno, no te veo pero sé que eres tú, porque eres dulce, me das besitos, me hablas con voz suave, y sobre todo porque en tus brazos me siento seguro. A veces tengo mucho miedo, oigo voces extrañas, hay bultos que se acercan a mí, y brazos que me cogen, y olores desconocidos, pero siempre vienes a rescatarme por eso sé que eres mi mami.
El otro día había algo muy grande pero estaba contigo y no me dio miedo, ¿es mi papi? Tiene unas manos grandotas que al principio me asustaron un poquito, peno me sujeta con cuidado, acerca su cara a la mía, me dice cosas que no entiendo, pero suenan bien y me gusta que me las diga.
Yo tenía muchas ganas de conoceros, pero también estaba un poco asustado ya que no sabía como seriáis…me parecéis “chupis”, por eso duermo todo el día, porque estoy en casa, con vosotros, y soy feliz.
Antes no me asustaba la oscuridad, estaba solo pero recogidito, luego mi cunita de agua se hizo pequeña y ya no sabía ni como ponerme. Pero de repente mi cunita se secó, por más que buscaba agüita no la encontraba, me picaba la piel y todo empezó a ser muy raro. Oía voces, ruidos extraños, una luz muy grande me deslumbró, y gente que iba y venía; una señora me pegó y me hizo llorar, y entonces me dije: “si ésta es tu mami, lo llevas claro, chaval”.
Luego nos quedamos solos y la luz empezó a gustarme, la señora pegona de blanco ya no volvió; no se oían voces estridentes, sólo vuestras risas, y eso me gustó mucho, y me dije: “ya puedes dormirte tranquilo, chaval”.

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