Seguidores

28 jun. 2012

RELATO DE JUEVES



EN LOS ZAPATOS DEL OTRO






Por aquello de que siempre es mejor lo que no se tiene, envidiaban el zapato ajeno. Todos pensaban lo mismo sin llegar a decirlo: “el suyo es mejor”, “mira, es de marca”, “aquel es más ancho y tiene tacón”, “yo quiero las sandalias para que no me hagan rozaduras”.
Y un día de tantos, por aquello de probar, decidieron cambiarse los zapatos durante una semana.
Los pusieron todos en un montón y con los ojos vendados, cada uno de ellos eligió un par.
Y surgió el primer problema…Unos tuvieron suerte y encontraron la pareja de inmediato, mientras otros rebuscaron y creyeron haberla encontrado. Los menos afortunados tuvieron que quedarse con lo que nadie había querido.
Y le sucedió el segundo…pies anchos que no cabían en los zapatos, zapatos anchos para pies escuálidos, hombres con zapatos de tacón en los que sólo les cabía el dedo gordo, zapatos de finísima piel que no se acoplaban al pie que los calzaba, un zapato de tacón para el derecho y una sandalia para el izquierdo, zapatos iguales para pies distintos, y unos pocos, con la suela tan fina, que con tan sólo tres pasos el asfalto les quemaba hasta los mismísimos tobillos.
Y llegó el tercero…pies hinchados, torceduras de tobillos, dolores de espada, rodillas desolladas de tanto tropezón, y en el alma de todos, una terrible insatisfacción.
Y la única ventaja del añorado cambio…Dejó de importarles la piedra que se lleva en el zapato. Es tu piedra, tu zapato y tu  camino…producto y consecuencia, la causa, no tiene demasiada relevancia. 

19 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, viene a ser algo como que ya te importa un poco la paja en el ojo ajeno y deja de importante tanto la arenilla del tuyo.

    Yo, cuando hagas el montón, espero que me toquen chancletas que hace mucho calor... pero conociéndome me tocarán las chancletas a las que se les salen las gomitas.

    Un abrazo y un café, Tyrma.

    ResponderEliminar
  3. Hola, Tyrma. Es difícl escoger a ciegas, por eso a veces no encontramos la horma de nuestro zapato. Vale más mirar bien y hacer lo que tú dices ponerse en los zapatos del otro. Un beso.

    ResponderEliminar
  4. A veces por querer lo ajeno, no medimos consecuencias. La vida se anda con pies y calzado propio, si es que queremos llegar a buen destino (o al menos un destino propio, que no deje huellas que no sean las nuestras).
    Me pareció muy original tu relato, donde las circunstancias de cada pie se describen a la perfección... y en este caso, sin encajar en la horma! jeje!
    Un besito al vuelo:
    Gaby*

    ResponderEliminar
  5. Hay que encontrar el zapato adecuado; sino suceden esas cosas,torceduras, hinchazón, porque no son los nuestros y aunque los queramos no nos los podemos poner porque es antinatura.
    Un beso

    ResponderEliminar
  6. Cambiar por cambiar, así, sin sentido y a ver qué pasa...nada bueno puede salir de ese juego de intercambio, solamente el consuelo que el calzado propio será después mejor valorado!

    un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Y si, uno envidia los zapatos del otro sin fijarse en que son precisamente del otro y por mas esfuerzo que uno haga no puede calzarlos. Mas vale acomodar nuestros propios zapatos al camino, que ya es bastante trabajo.
    un abrazo

    ResponderEliminar
  8. Hay un refrán que viene a significar lo que tu relato pone de manifiesto, que cada cual ha ido ahormando su propio zapato para que se adapte a sus necesidades, lo que lo hace insustituible y que los humanos sólo estamos cómodos en nuestra propia piel.
    Dice así:

    Zapato de amigo, la suela quebrada y el hilo podrido.

    Tal vez por eso resulte tan complejo meterse en la piel de otro.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Rectifiqué unos fallos.

    Tal como nos calzas, jejeje, mejor me quedo descalza que ni piedra llevo adosada.
    Cambiar por cambiar puede ser divertido, y a ojos ciegos, excitante, pero...tenemos mucho cariño a nuestros pies, los conocemos, nos conocen, es arriesgarse ponerse en calzado ajeno, pero, no sé, de vez en cuando conviene para ver y conocer diversas andaduras.
    Divertido y a la vez para reflexionar al paso, con calma. Besito.

    ResponderEliminar
  10. Pues sabes Tyrma, es complicado encontrar el zapato adecuado, a veces nos pasamos la vida buscando y digo correctamente nos pasamos la vida sin vivirla. A veces a lo mejor podríamos conformarnos con uno que no nos esté demasiado ajustado ni demasiado ancho y con él vivir plenamente.
    Me gustó mucho. Besos

    ResponderEliminar
  11. A eso eso se le llama, jugar con fuego... el de la horma ajena.
    Soy de la opinión, que uno está siempre en mejores condiciones para entender al otro, desde su propio zapato. Sólo tiene que mirarlo a los ojos y leer.

    Menudo lío de relato con tanto zapato, por un momento necesitaba quedarme descalzo.

    Besos

    ResponderEliminar
  12. Así se darían cuenta de que bastante tiene cada uno con lo suyo, pero igual alguno tuvo suerte y le encajó una par perfecto, quién sabe!!!
    Un beso.

    ResponderEliminar
  13. Como juego no estaría mal, cambiemos por cambiar, pero en la vida para eso ha de haber un porque más que razonado. Estoy de acuerdo con Alfredo a veces con mirar a los ojos basta, no hace falta más, uno entiende.
    Subo a tu ventana y te saludo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  14. Debe ser todo una experiencia desmontarnos de nuestros zapatos y ponernos varios de otros, seguramente descubriríamos que nos quejamos demasiado por nuestras piedras, que hay otras más grandes y que es bueno poder acepatarlo para ayudar a los demás.
    Un abrazo enorme.

    ResponderEliminar
  15. son muchas situaciones las de vivir en los zapatos del otro...sin embargo tu relato es a ojos cerrados, a elección azarosa... me encantó la forma de ese juego! un beso!

    ResponderEliminar
  16. ¡Gran lección! nada como unos cuantos moretones, raspaduras y magullones para apreciar con otros ojos la propia situación. El relato es encantador, ya me imagino eso de elegir a ciegas los zapatos y calzarlos contra toda circunstancia. ¡Qué tenacidad!
    Te dejo un beso Tyrma

    ResponderEliminar
  17. Es una cuestión de saber observar, aquellos zapatos lucirán hermosos en otros, pero en el momento de probar unos iguales, seguramente le encontremos algún detalle que nos hace perder esa idea de perfección. Cada uno a sus zapatos?
    Saludos buen aporte

    ResponderEliminar
  18. Buena metáfora de la esos deseos de ponerse en el lugar de otros. Claro, nuestros zapatos son de nuestra talla están hechos a nuestros piés.
    Me ha gustado, besos Tyrma

    ResponderEliminar
  19. Como pasa en la vida, no se deben hacer elecciones con los ojos cerrados ni vendados, es obligatorio el sufrimiento si lo haces.
    Un beso

    ResponderEliminar